La pintura hoy. A propósito de José Vivenes
Una obra joven en la nueva generación de pintores Venezolanos: José Vivenes.Una obra de acento expresionista que pasa del dibujo a la pintura con la misma soltura con la que pasa plano pictórico al planteamiento tridimensional, es el primer signo del hacer plástico de Vivenes. Seguidamente sus soportes: todo lo que un joven artista urbano pueda conseguir, reciclar, cargar, rehacer, pintar y repintar. Formatos enormes, irregulares; escrituras, poética sea imaginaria o pictórica, que hace de base del retrato pare de su espacio; pintura, mucha pintura, y un repertorio figurativo tan abierto como descarado.
(Al reflexionar sobre una obra como la de Vivenes, y pensar en la dramática circunstancia de la educación actual del arte actual en Venezuela, caracterizada por el cierre de los institutos especializados, cundo no sometidos a la politización que experimenta el país, la reducción de la información- la disminución de las librerías-,la desaparición de los salones- ¿será oportuno, aquí, referir, la desaparición de los logotipos de toda institucionalidad cultural como clarinada que anuncia la sociedad militarizada?-, la supresión de cualquier parámetro de cultura, de buen gusto, de exigencia, en aras de una ordinariez como aquella llamada “mega exposición” en su segunda presentación, cuando la referencias quedan pulverizadas y desde el poder se ridiculizan los esfuerzos por rescatar una continuidad cultural venezolana).
Desde los años ochentas impera una pintura que mezcla y se basan en lo narrativo, lo icónico, lo Biográfico y que se formula en lo que Meter Plagens llamó “estética del desperdicio”. Una pintura de gran soltura, de rica materia, de reafirmación figurativa. Una pintura en la convulsión de la modernidad.
El expresionismo renovará bríos y marcará un largo trecho del arte a partir de los años ochenta hasta el presente. Los Venezolanos no han sido ajenos a este fenómeno. Cundo en 2003 la editora Soledad Mendoza presentó su libro sobre nuevos jóvenes pintores, se imponía el acento figurativo y un neoexpresionismo que encontrará en José Vivenes un ferviente expositor.
Luego de un recorrido por salones juveniles y por el interior del país, Vivenes fue aceptado en una colectiva de 2001 en lo que marca el inicio propiamente dicho de su trayectoria. A si sucede con sus compañeros, quienes convergen en “Pintón”, una colectiva referencial. Su presentación la suscribe con unas frases cortas, a modo de manifiesto, así: “La pintura es una hermosa fruta en estado pintón. Para hablar de pintura hay que sentir la pintura, vivir la pintura, devorar la pintura, destruir, construir, plantear nuevas propuestas pictóricas, especular, y poner en vivencia una pintura. No importa donde se pinte, sólo que el pigmento aglutine contenido”. La imagen centrada en el retrato en una silueta imaginaria, concentran el mayor interés del artista.
En una época definitivamente marcada por la imagen fotográfica y electrónica, es muy significativo que la primera obra de este artista hayan sido los negativos-los retratos- de una oficina de identificación convertida en basura. La metáfora es intensa y múltiple: cientos de retratos fotográficos, negativos, tirados en la calle, a la puerta de la Diex, sin sentido, imposible de explicar más allá del colapso de una sociedad o del absurdo de la oficina de identidad.
Grandes superficies de negativos, de retratos, como una gigantesca mesa de luz , cada uno intervenido a mano, pintado como si fuese un miniaturista, acompañado alguna veces de frase, un título, un nombre, establecen, en no sé qué orden, un concepto inicial alrededor del rostro, un imaginario del retrato, de sombras humanas. Luego (o antes) Vivenes pintó sobre cientos de carátulas de libros igualmente encontrados en el basurero. Nuevamente un formato estándar, el aprovechamiento de la imagen que brinda el impreso, el azar; el libre discurrir sobre el motivo inicial o primario, la pintura, la pintura que ocupa todo el sujeto hasta solo imponer la condición del formato, el drama expresivo implícito- lo también bello- y la multiplicación del modelo, anónimo, despersonalizado, multiplicado. En todo caso lo social es ficcion de angustia, de sombras.
Vivenes escribe al borde de sus retratos. La figura es formal, en primer plano, francamente impositiva. En ocasiones ese primer plano es propio para una escritura que dicta el ritmo compositivo, asoma el discurrir de las letras e insiste en el dominio de la cualidad pictórica.
En la capacidad para cruzar fronteras, tenemos su serie de objetos tridimensionales, extrañas sillas, esculturas. Nuevamente nos encontramos aquí con una estética de lo frágil, de lo derruido, lo que sin embargo no desdice de su destreza expresiva para aprovechar recursos desde la nada, o en todo caso como ingeniero de supervivencia. Vivenes es oriundo de Maturín y esta residenciado en La Guaira. ¿ Cómo influye la destrucción natural y el abandono oficial de La Guaira en la morada de un joven artista?
Una escultura que acumula desde la noción de chatarra, desde lo remendado y desde erguido. Esta última categoría lo que la enlaza como la tradición de la escultura. La ruptura es total. Las propiedades físicas del volumen y las cualidades plásticas que le serían propias son dejadas a un lado. Aquí se parte de la nada o al menos de la reinvención de las formas de arte.
Esta es una obra en la que lo urbano impera. Lo mixto es su signo. En su repertorio hallamos insistentemente figuras humanas, sí, pero igualmente tenemos una fauna voraz. Pinturas de riquísima corporeidad y, al mismo tiempo, en pentimento. Arte, ciertamente, de un nuevo tiempo.
Juan Carlos Palenzuela
Texto exposición individual: Silueta/sombras/rostros. Caracas, 2006.

